Análisis de resultados: una década de políticas laborales de juventud
EJECANT
Santander, 24.03.2026 -
Una década de políticas de empleo joven: reducción de la tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan, estancamiento de la tasa de actividad y mantenimiento de la precariedad salarial.
Las estrategias de empleo juvenil de la última década, del 2013 al 2023 arrojan un balance de luces y sombras en la lucha contra la precariedad. Iniciativas como la Garantía Juvenil o el Plan de Choque 2019-2021 lograron hitos significativos, como reducir en diez puntos la tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET), situándola en un 12,3%, una cifra ya muy cercana a la media europea.
Sin embargo, el análisis advierte que estos programas pecaron de una visión fragmentada. Al centrarse en cursos de formación y habilidades individuales, no consiguieron ofrecer la estabilidad vital ni el empleo a largo plazo que el colectivo demanda. El reto actual, reforzado por la Reforma Laboral de 2022 y la Estrategia Juventud 2030, pasa por superar esas intervenciones puntuales para consolidar trayectorias profesionales dignas y duraderas.
La reforma laboral de 2022 ha comportado un cambio relevante en el panorama laboral de la juventud, al simplificar las modalidades de contratación laboral, regular los contratos formativos y, reducir drásticamente la temporalidad contractual.
A partir de su aplicación, y entre 2021 y 2024, se ha incrementado la tasa de empleo (2021: 41,63 %; 2024: 44,56 %30), y se ha reducido la tasa de paro (del 25,44 % al 20,85 %).
A pesar del impulso de la reforma laboral y la creación de empleo en el último bienio, el mercado de trabajo juvenil en España presenta un diagnóstico contradictorio. Si bien se ha logrado mitigar la temporalidad y el paro estructural a niveles no vistos desde 2008, el sistema sigue sin atraer a la población inactiva: la tasa de actividad permanece estancada en torno al 56%.
El informe destaca que la precariedad no ha desaparecido, sino que ha mutado hacia nuevas fórmulas como el aumento de los contratos fijos discontinuos (que se han duplicado hasta el 6,8%) y una parcialidad involuntaria muy superior a la media europea. Además, el primer empleo sigue siendo un foco de vulnerabilidad: un 20% de los jóvenes se incorporó en 2023 sin contrato o con remuneraciones ínfimas.
Aunque el salario neto joven ha crecido más de 500 euros al mes en la última década gracias a las sucesivas subidas del SMI, la inflación reciente ha reducido gran parte de este poder adquisitivo. Los jóvenes, incluso en la franja de 30 a 34 años, siguen percibiendo remuneraciones significativamente inferiores al resto de la población, consolidando una brecha salarial que frena su estabilidad vital.
La edad y el género siguen siendo factores determinantes en la nómina. Los hombres de entre 30 y 34 años perciben un salario un 20% superior al de los menores de 30, mientras que en el caso de las mujeres esa diferencia generacional se reduce al 9%, evidenciando una progresión salarial más lenta para ellas.
La desigualdad de género también es palpable: los hombres jóvenes superan en ingresos a las mujeres en casi todas las modalidades contractuales. La mayor disparidad se localiza en los negocios familiares, donde los hombres llegan a cobrar hasta 894 euros más al mes. Por el contrario, la modalidad de contrato indefinido o fijo discontinuo se presenta como la más equitativa, siendo la única donde la diferencia salarial entre ambos sexos no resulta significativa.
Fuente; Informe Juventud Entre la emergencia y la resiliencia. Injuve 2024.
Santander, 24.03.2026 -
Una década de políticas de empleo joven: reducción de la tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan, estancamiento de la tasa de actividad y mantenimiento de la precariedad salarial.
Las estrategias de empleo juvenil de la última década, del 2013 al 2023 arrojan un balance de luces y sombras en la lucha contra la precariedad. Iniciativas como la Garantía Juvenil o el Plan de Choque 2019-2021 lograron hitos significativos, como reducir en diez puntos la tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET), situándola en un 12,3%, una cifra ya muy cercana a la media europea.
Sin embargo, el análisis advierte que estos programas pecaron de una visión fragmentada. Al centrarse en cursos de formación y habilidades individuales, no consiguieron ofrecer la estabilidad vital ni el empleo a largo plazo que el colectivo demanda. El reto actual, reforzado por la Reforma Laboral de 2022 y la Estrategia Juventud 2030, pasa por superar esas intervenciones puntuales para consolidar trayectorias profesionales dignas y duraderas.
La reforma laboral de 2022 ha comportado un cambio relevante en el panorama laboral de la juventud, al simplificar las modalidades de contratación laboral, regular los contratos formativos y, reducir drásticamente la temporalidad contractual.
A partir de su aplicación, y entre 2021 y 2024, se ha incrementado la tasa de empleo (2021: 41,63 %; 2024: 44,56 %30), y se ha reducido la tasa de paro (del 25,44 % al 20,85 %).
A pesar del impulso de la reforma laboral y la creación de empleo en el último bienio, el mercado de trabajo juvenil en España presenta un diagnóstico contradictorio. Si bien se ha logrado mitigar la temporalidad y el paro estructural a niveles no vistos desde 2008, el sistema sigue sin atraer a la población inactiva: la tasa de actividad permanece estancada en torno al 56%.
El informe destaca que la precariedad no ha desaparecido, sino que ha mutado hacia nuevas fórmulas como el aumento de los contratos fijos discontinuos (que se han duplicado hasta el 6,8%) y una parcialidad involuntaria muy superior a la media europea. Además, el primer empleo sigue siendo un foco de vulnerabilidad: un 20% de los jóvenes se incorporó en 2023 sin contrato o con remuneraciones ínfimas.
Aunque el salario neto joven ha crecido más de 500 euros al mes en la última década gracias a las sucesivas subidas del SMI, la inflación reciente ha reducido gran parte de este poder adquisitivo. Los jóvenes, incluso en la franja de 30 a 34 años, siguen percibiendo remuneraciones significativamente inferiores al resto de la población, consolidando una brecha salarial que frena su estabilidad vital.
La edad y el género siguen siendo factores determinantes en la nómina. Los hombres de entre 30 y 34 años perciben un salario un 20% superior al de los menores de 30, mientras que en el caso de las mujeres esa diferencia generacional se reduce al 9%, evidenciando una progresión salarial más lenta para ellas.
La desigualdad de género también es palpable: los hombres jóvenes superan en ingresos a las mujeres en casi todas las modalidades contractuales. La mayor disparidad se localiza en los negocios familiares, donde los hombres llegan a cobrar hasta 894 euros más al mes. Por el contrario, la modalidad de contrato indefinido o fijo discontinuo se presenta como la más equitativa, siendo la única donde la diferencia salarial entre ambos sexos no resulta significativa.
Fuente; Informe Juventud Entre la emergencia y la resiliencia. Injuve 2024.
