La nueva ley del aborto podrá incluir bajas menstruales

EJECANT
Santander, 13.05.2022 -

Las reglas dolorosas y las interrupciones voluntarias del embarazo tendrán bajas laborales de tres días ampliables a cinco, habrá un permiso preparto remunerado desde la semana 36 y los centros educativos tendrán que ofrecer, de forma gratuita, los productos necesarios para la menstruación.

Los tres días por reglas dolorosas o aborto, que serán ampliables a cinco y estarán bajo supervisión y control médico; la obligación de suministrar de forma gratuita los productos necesarios para la regla se extiende a los centros educativos, los penitenciarios y todos aquellos destinados a la atención de mujeres en riesgo de exclusión social; y contempla también la eliminación del IVA para los artículos específicos de la higiene femenina. Estas son algunas de las cuestiones del borrador de la ley para la protección de los derechos sexuales y reproductivos y la garantía de la interrupción voluntaria del embarazo que maneja el Gobierno y que el Ministerio de Igualdad confirma que el próximo martes irá al Consejo de Ministros (EL País).

La idea del Ministerio de Igualdad de regular específicamente una baja menstrual en la futura reforma de la ley del aborto ha empezado a romper el tabú de los fuertes dolores que sufren algunas mujeres cuando tienen el periodo. La medida aún se está debatiendo en el seno del Gobierno, pero la idea ya ha hecho aflorar testimonios que empiezan a hacer visible lo que supone para algunas ir a trabajar y rendir en estas condiciones.

Pinchazos, dolor intenso que se extiende por las piernas y la espalda, mareos, vómitos, sudores fríos... son algunos de los síntomas experimentados por las mujeres que sufren los dolores menstruales. Estas afecciones absolutamente incapacitantes condicionaron la vida cotidiana. A las experiencias de afecciones físicas relacionadas con la menstruación les suele acompañar una sensación de vergüenza o minimización del daño. Para la mayoría de quienes enfrentan este tipo de menstruaciones, al dolor se le suman sensaciones de culpa y excesiva autoexigencia cuando les toca en jornada laboral.

La regla, invisibilizada históricamente

La psicóloga e investigadora Laura Medina Perucha es una de las coordinadoras del estudio Equidad y Salud Menstrual, puesto en marcha por el Instituto Universitario de Investigación en Atención Primara Jordi Gol i Gurina (IDIAPJGol). Asegura que este tipo de efectos emocionales no son una excepción, porque existe una normalización del dolor menstrual que va muy ligada a cuestiones de género y a cómo se validan las experiencias de dolor de las mujeres, además de a la invisibilidad que históricamente ha enfrentado la menstruación. Es algo que pasa en el contexto social y nosotras mismas interiorizamos y tiene además que ver con el desconocimiento del ciclo menstrual, apunta.

Para la investigadora, la invisibilidad y el tabú se traducen en que sea algo de lo que no se habla y finalmente se configure como algo que hay que esconder. Algo que tiene relación directa con lo que ocurre en el ámbito laboral: Acaba suponiendo que este dolor es mínimo, que hay que aguantar y que no se debe notar. Este mismo ocultamiento social es lo que, cree Medina, conduce a la escasa investigación científica que hay sobre la regla y a una tendencia a la medicalización de las menstruaciones dolorosas. En muchas ocasiones es el primer e inmediato recurso, pero hace falta explorar más de dónde viene ese dolor, añade la psicóloga.

La medida, aún en el aire


La medida incluida en el borrador de la reforma de la ley del aborto que maneja el Ministerio de Igualdad, está en el aire y varios ministros socialistas han enfriado en las últimas horas la posibilidad de que acabe finalmente reflejada en el texto.

Hay que tratarlo con bastante prudencia, pero es cierto que hasta ahora muchas mujeres se han callado y no han conseguido la protección laboral que necesitan,
señala Serrano, miembro de la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE). Para la experta es clave que a este tipo de medidas en el ámbito laboral le acompañen otras como la formación a los profesionales sanitarios o la incorporación a las aulas de la educación menstrual. Todavía hace falta mucha más normalización, más reconocimiento social y que el Estado ponga los mecanismos para garantizarlo, concluye.

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Fuente: diario.es y El País